Con el Niño o Súper Niño sobrevolando Argentina, crece la pregunta sobre si su cruce con el ciclo natural del dengue podría generar un combo explosivo similar al brote de 2023-2024.
La temporada del virus arranca ahora, tras un par de años de relativo respiro, y en el país menos un millón de personas están hoy vacunadas contra el dengue, según una estimación basada en información oficial y apoyo extraoficial de efectores privados.
Desde el traspaso de mando presidencial, la crisis de importaciones y las SIRA discrecionales dejaron faltante de repelente en varias jurisdicciones. Muchos vecinos instalaron mosquiteros, pagaron vacunas para la familia entera antes de que las dosis llegaran al sector público de al menos 11 provincias, o estocaron repelentes probablemente vencidos.
El Aedes aegypti sigue siendo el vector del dengue y también de otros patógenos, como el Zika y el Chikungunya, este último señalado como un tema de preocupación para este año.
Expertos advierten que los anuncios preventivos de intendentes, gobernadores y ministros no alcanzan si no se recuerda que, de cara al verano, debe arrancar el descacharreo: el agua estancada en vasitos, platitos de macetas y rincones permite que eclosionen huevos y sobrevivan larvas del mosquito.
Los modelos climáticos coinciden en que el Niño será intenso a nivel atmosférico este verano y que, aunque no siempre se traduzca en el mismo impacto en el suelo, podría traer precipitaciones importantes en distintas zonas, principalmente en la Cuenca del Plata, en Cuyo y en los Andes norpatagónicos.
Tomás Orduna, ex jefe del Servicio de Medicina Tropical y Medicina del Viajero del Hospital de Infecciosas Francisco J. Muñiz, aclaró que “todos hacemos futurología” sobre el dengue y que nadie puede afirmar con certeza si habrá epidemia, un pequeño brote o ningún problema.
El médico matizó que las características climatológicas del Niño muestran desde mitad de año previsiones de gran impacto en el Litoral y el Nordeste, con posibilidad de extenderse al área metropolitana y al Centro con mucha lluvia.
En Misiones, la temporada del mosquito comienza en octubre, mientras que en el AMBA suele arrancar entre noviembre y diciembre. Si coincide con temperaturas favorables y más agua, la pregunta es si podría robustecerse la presencia del mosquito que transmite los cuatro serotipos de dengue.
Ante ese escenario, algunos expertos barajan un efecto paradojal, pero insisten en que no hay pronósticos seguros sobre el tamaño del brote.
Con información de: Clarín, el contexto apunta a un verano 2026-2027 con lluvias frecuentes y duraderas por la fase húmeda del ENOS.

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