El ingreso promedio del trabajo registrado más que duplica al del empleo informal en la Argentina: $1.433.794 contra $706.204 en el segundo trimestre de 2026, según el Indec.
La brecha general es de 103%, pero ese promedio oculta una paradoja: en al menos dos tramos de ingresos, el trabajador sin descuento jubilatorio cobra más que su par registrado. El dato aparece en el informe de Distribución del Ingreso del Indec.
El salario formal en bruto subió 26,5% interanual nominal, mientras que el informal aumentó 24,9% interanual. La diferencia no se explica solo por el nivel de actividad, sino por la estructura del mercado de trabajo y por los límites previsionales que distorsionan la comparación.
Cuando se observa la masa salarial por deciles, cada uno representa el 10% de la población asalariada. En el total de asalariados con ingresos en relación de dependencia de la ocupación principal del hogar, la diferencia entre blanco y negro sigue en 103%.
El décimo decil concentra los ingresos más altos y además opera un límite para los aportes al SIPA, actualmente de $4.769.631 por mes. Ese tope previsional modifica la comparación y hace que el promedio parezca más amplio de lo que ocurre en la mayoría de los tramos.
Si se excluye el décimo decil y se mira del primero al noveno, el Indec incluye la medición hasta una remuneración bruta de $2.000.000 para el trimestre abril-junio de 2026. Ahí la historia cambia: la brecha se reduce drásticamente.
En el primer decil de menor ingreso, el salario formal sigue siendo 20% superior al informal. Pero del segundo al noveno, la distancia prácticamente desaparece y, en la última medición, fue levemente negativa en los tramos cuarto y noveno.
En esos dos segmentos, trabajar sin aportes jubilatorios arrojó un ingreso promedio superior al de quienes sí tienen descuento al SIPA. El fenómeno muestra que la informalidad no es un bloque uniforme: depende del nivel de ingreso, del ciclo económico y de la restricción previsional.
El caso argentino no es aislado. Un informe del Banco Mundial, Rationalizing Informality: Social Protection, Job Quality, and Growth, muestra que en América Latina y el Caribe la informalidad se mantiene estancada en 55% de la fuerza laboral desde hace casi dos décadas.
Según ese estudio, el trabajo asalariado formal en la región paga en promedio 28% por encima de la mediana salarial, mientras que el asalariado informal se ubica en 79% de esa mediana. La brecha es más moderada que la argentina, aunque sigue favoreciendo a la formalidad.
La Organización Internacional del Trabajo estima que más del 60% de la población empleada a nivel global se desempeña en la economía informal. La magnitud de esa disparidad frente al empleo registrado varía enormemente según el nivel de desarrollo de cada país.
Para el mercado de trabajo de la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, el dato no es menor: si en tramos medios el empleo sin descuento jubilatorio puede remunerar mejor, la decisión de formalizar no siempre aparece como la opción más rentable para el trabajador.
La lectura final es clara: la desigualdad entre trabajo registrado e informal es real, pero no tan homogénea ni tan lineal como parece. Desarmar la masa salarial por segmentos evita simplificar un debate que afecta salarios, aportes y protección social.
Con información de: Infobae y datos del Indec.

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