El ministro de Economía, Luis Caputo, vivió un cruce diplomático en un debate del FMI celebrado en Tailandia, cuando la directora gerente, Kristalina Georgieva, comparó el ajuste fiscal argentino con el de Grecia.
La escena ocurrió cuando la moderadora preguntó por el orden fiscal en países desarrollados. Georgieva respondió: “no se puede gastar sin fin dinero que no tenés” y señaló a sus costados: “Tenemos aquí estos dos grandes ejemplos”.
El ministro griego, Kyriakos Pierrakakis, quien asumió el mando económico de su país en marzo del año pasado, bromeó antes de que Georgieva apuntara a Caputo: “Les dimos coraje”. La frase generó risas y dejó en evidencia la comparación incómoda entre dos trayectorias fiscales.
El antecedente griego no es menor: en 2009, el Gobierno reveló que el déficit fiscal real duplicaba la cifra oficial, desató pánico en los mercados y bloqueó el acceso al financiamiento tradicional. Después de tres rescates financieros, Grecia impuso austeridad que provocó el colapso de una cuarta parte de su PIB y desempleo superior al 27%.
En 2015, Grecia entró en default. En agosto de 2018, concluyó con éxito el último programa de rescate establecido por el FMI e inició una lenta recuperación. Georgieva, tras la broma, advirtió que tiene una lista de países que aprendieron la lección, “desafortunadamente, la mayoría de las veces por las malas”.
Más adelante, al responder sobre la sustentabilidad fiscal y si Argentina ya no necesitará al FMI, Georgieva dijo que el país “será como Grecia” y terminará pagando sus vencimientos antes del plazo. Caputo replicó: “Te vas a sorprender, ya está sucediendo”.
El funcionario argentino sostuvo que el Gobierno está dando “predictibilidad” a los inversores. Recordó que Argentina pasó 22 crisis y 9 defaults en un siglo y destacó el régimen para grandes inversiones: “Ordenamos el lío económico, pero siempre respetando los contratos y la propiedad privada”.
Caputo proyectó desembolsos privados por unos 200.000 millones de dólares para los próximos años, cifra equivalente a un tercio del PBI, con foco en minería, energía y producción agraria. También recordó la victoria de 17 puntos del oficialismo en las elecciones legislativas de 2025 y cerró: “El mayor riesgo al momento de invertir en nuestro país es no invertir en la Argentina”.
Para la economía de Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, el mensaje importa porque la inversión privada, la deuda y la predictibilidad condicionan crédito, obra, consumo y empleo en los próximos años.
El debate también reunió al ministro de Finanzas de Tailandia, Ekniti Nitithanprapas, y al titular del Banco Central de Nigeria, Olayemi Cardoso. En ese marco, Georgieva habló sobre la deuda y la necesidad de que los países mantengan disciplina fiscal para acceder a financiamiento.
La comparación con Grecia no fue solo una anécdota: Georgieva usó a Caputo y a Pierrakakis como ejemplos vivos de una lección fiscal. Para el mercado, la señal es que Argentina busca credibilidad y, para los vecinos de CABA y el conurbano, el efecto se mide en estabilidad de precios, crédito y trabajo.
El ministro también subrayó la gestión económica del Gobierno de Milei y afirmó: “Desmentimos la teoría de que la consolidación fiscal es políticamente impopular y de que es recesiva”. Esa frase buscó reforzar la idea de que el ajuste puede sostenerse sin perder apoyo político.

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