Las mañanas con luz opaca, las tardes cubiertas y las lluvias débiles que aparecen de forma irregular conforman una escena repetida en el AMBA.
Detrás de esa secuencia se encuentra el bloqueo atmosférico, una configuración que detiene o desvía el desplazamiento habitual de los sistemas meteorológicos y prolonga condiciones similares durante varios días.
En las latitudes medias del hemisferio sur, las áreas de baja y alta presión avanzan, en términos generales, desde el océano Pacífico hacia el Atlántico.
Ese recorrido ordena el ingreso y la salida de frentes, las variaciones de temperatura, las lluvias y los períodos de cielo despejado.
Cuando aparece un bloqueo, esa dinámica pierde velocidad o cambia de dirección. Una zona de alta presión adquiere estabilidad y permanece sobre una ubicación durante más tiempo que el habitual.
El sistema funciona como una barrera para los vientos en altura y para los frentes que deberían cruzar la región. Como resultado, el tiempo queda bajo un mismo patrón y tarda más en modificarse.
La Organización Meteorológica Mundial define a estos episodios como configuraciones persistentes de altas y bajas presiones que interfieren en el avance normal de los sistemas.
En el caso actual, una alta presión estacionada sobre el Atlántico, frente a la Patagonia, condiciona la circulación regional y favorece el ingreso de aire húmedo desde el este hacia el territorio argentino.
El meteorólogo Christian Garavaglia, jefe de redacción de Meteored Argentina, explicó a Infobae la lógica de este patrón.
Según Garavaglia, un bloqueo atmosférico se asocia con el estancamiento de la circulación regional y con el desplazamiento de los sistemas sinópticos en las latitudes medias.
El meteorólogo describió que, en líneas generales, esos sistemas ingresan desde el Pacífico, cruzan la cordillera de los Andes, avanzan por la Argentina y luego se dirigen hacia el océano Atlántico.
Ante un bloqueo atmosférico, un sistema de alta presión queda bloqueando toda la circulación, según la explicación de Garavaglia.
El fenómeno no equivale a una tormenta ni constituye, por sí mismo, una alerta. Se trata de una disposición de la atmósfera que modifica el recorrido de otros sistemas.
La posición precisa del anticiclón define qué tipo de aire domina, qué zonas reciben precipitaciones y qué lugares atraviesan jornadas más secas, cálidas o frías.
En esta oportunidad, la ubicación de la alta presión favorece el transporte de humedad desde el océano hacia el continente. Esa circulación alimenta una capa de nubes bajas sobre el centro y el este del país.
En el AMBA, la presencia de estratos reduce la llegada de radiación solar, limita el ascenso de la temperatura durante el día y deja una sensación de ambiente húmedo.
Garavaglia detalló que, dependiendo de dónde se ubica el sistema de alta presión, promueve condiciones persistentes en distintas zonas del país.
En esta ocasión, el bloqueo se produce porque la alta presión quedó estancada, estacionada en el mar argentino, en el océano Atlántico, frente a las costas de la Patagonia.
La circulación de aire alrededor de ese sistema inyecta aire húmedo del este a gran parte de la Argentina y promueve abundante nubosidad, elevada humedad y precipitaciones.
Según Garavaglia, en general son precipitaciones débiles, lloviznas y lluvias, y no es una situación de riesgo, tormentas fuertes o lluvias abundantes.
El meteorólogo agregó que gran parte del país está atravesando estas precipitaciones leves.
El cielo cubierto también refuerza la persistencia del cuadro. Sin una entrada sostenida de sol, el suelo recibe menos energía y disminuyen los contrastes térmicos.
Con información de: Infobae y Meteored Argentina.

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