La 24ª edición de Autoclásica cerró sus puertas tras cuatro jornadas con clima invernal, pero la convocatoria siguió siendo alta y quedó prácticamente igual a la de 2025.
Entre el viernes 9 y el lunes 12 de octubre, miles de visitantes recorrieron los jardines del predio para ver más de 1.200 vehículos de colección, con homenajes, modelos únicos y piezas de gran valor histórico.
La muestra, organizada por el Club de Autos Clásicos, volvió a reunir clubes, restauradores, coleccionistas y aficionados de distintas generaciones en una de las exposiciones de autos y motos clásicas más importantes de Sudamérica.
Como es tradición, un jurado especializado eligió los mejores vehículos evaluando originalidad, estado de conservación y calidad de las restauraciones, un criterio que define cada año el podio de la exposición.
El máximo reconocimiento entre los automóviles fue para un Rolls-Royce Silver Ghost de 1910, elegido Best of Show, que pertenece a la familia Pereyra Iraola y guarda una historia vinculada al hundimiento del Titanic.
La pieza, que permanece en manos de la familia desde hace más de un siglo, fue encargada por Laura Pereyra Iraola para un extenso viaje familiar por Europa, con el objetivo de que sus sobrinos conocieran distintas ciudades y culturas.
El automóvil fue construido en Inglaterra y recibió una carrocería especial realizada por Rothschild & Fils, en Francia. Con capacidad para buena parte de la familia, recorrió miles de kilómetros durante aquella aventura.
El episodio más extraordinario ocurrió en 1912, cuando los Pereyra Iraola tenían previsto regresar a América a bordo del Titanic, llevando también el Rolls-Royce. A pocas horas de embarcar, una complicación durante el embarazo de una integrante del grupo llevó al médico familiar a desaconsejar el viaje.
La familia canceló los pasajes y permaneció en Inglaterra. Aquella decisión terminó salvándoles la vida y evitando que el automóvil acabara en el fondo del Atlántico Norte.
El Silver Ghost llegó después a la Argentina y permaneció durante cuatro generaciones en manos de la misma familia, que rechazó distintas ofertas de compra, incluso de la propia Rolls-Royce. Para su presentación en Autoclásica fue restaurado en el taller Clásicos y Especiales.
Además del máximo reconocimiento, el Rolls-Royce obtuvo el primer premio de la categoría Veteranos. Su historia y su estado de conservación lo convirtieron en uno de los grandes atractivos de la muestra.
Entre las motocicletas, el premio mayor quedó en manos de una Moto Guzzi Sport 14 de 1929, que se impuso en la categoría Preguerra Europeas y luego fue distinguida con el Best of Show.
Fabricada por la histórica marca italiana fundada en 1921, la Sport 14 fue uno de los modelos más representativos de sus primeros años. Entre 1928 y 1929 se produjeron más de 4.000 unidades, una cifra significativa para la época.
Estaba equipada con un motor monocilíndrico horizontal de 500 cc, con una distribución de válvulas conocida como Inlet Over Exhaust. Su diseño se destacaba por las aletas de refrigeración radiales y un gran volante de inercia exterior.
Con apenas 130 kilos de peso, podía alcanzar los 100 km/h, mientras que su consumo declarado era de 3,4 litros cada 100 kilómetros. La combinación de historia, técnica y conservación la volvió una de las protagonistas de la edición.

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